Claves para la competitividad empresarial

Definiendo la Competitividad


El diccionario define la competitividad de manera en extremo sencilla: la capacidad de competir.

Ahora bien, cuando buscamos la definición de competir comienza a ampliarse el alcance del término: Refiriéndose a dos o más entidades contendiendo entre sí, aspirando unas y otras con empeño a una misma cosa. Es esta segunda definición la que nos lleva a un panorama más cercano al concepto de competitividad en nuestros días, al que solemos referirnos de manera habitual. Hablar de competitividad puede referirse entonces a personas, organizaciones e incluso países, todos ellos en búsqueda de elementos que los hagan únicos, les brinden diferenciación y ventajas competitivas respecto al resto, más ahora que la Pandemia nos ha pegado de manera significativa en todo el mundo.


Y es que hablar de competitividad en términos empresariales no significa únicamente entonces tener resultados exitosos en términos financieros y de costo, sino que requiere además de una conjugación de un servicio al cliente excepcional y de elementos culturales que promuevan el sentido de pertenencia de nuestra gente, sino que también hagan sostenible el modelo de negocios en el largo plazo.


El resultado financiero y de costos en el largo plazo es el resultado de la aplicación de estrategias innovadoras al modelo de negocio que nos permitan alcanzar mercados de mayor rentabilidad y del desarrollo y mejora continua de los procesos internos para maximizar su efectividad. Desarrollar uno de estos factores sin el otro estará destinando a su organización a obtener resultados limitados y no siempre acordes a los requerimientos del cliente ante los fuertes cambios que se han vivido por la humanidad durante los últimos 2 años.




¿En dónde estamos cómo país?

¿Qué tan competitivos somos?



Las cifras son contundentes y no requieren mayor explicación. De acuerdo al ranking de posiciones del Índice de Competitividad Internacional 2021, que incluye a 43 países, el nuestro se encuentra en la nada honrosa posición 43.

Deficiencias en las políticas gubernamentales, desarrollo empresarial y formación de talentos son solo algunas de las causas.


Enfoques hacia la competitividad empresarial

  • Una organización competitiva es aquella que resulta consistentemente atractiva para atraer el talento y detona oportunidades de desarrollo, crecimiento y prosperidad para su personal y para su entorno.

  • Un ambiente competitivo motiva a cada individuo y cada organización a reinventarse continuamente hacia la búsqueda constante de la mejor versión de sí mismo.

  • La competitividad es el resultado de la suma de esfuerzos:

- Culturales, tecnológicos, de innovación, pero sobre todo de enfoque.

- Enfoque al cliente, a trabajar en equipo y a la creación de valor.


Diferenciación

Consciente o no, guiado o no, desde la concepción del modelo de negocio de cada empresa se decreta el tipo de retos a los que desea hacer frente y por consiguiente las capacidades o habilidades que le serán requeridos. Mientras más consciente esté la empresa de los factores que intervienen en su modelo de negocio más será capaz de entender sus propias limitantes y de desarrollar fortalezas que la hagan destacar y diferenciarse del resto en su entorno. Algunos de ellos son los productos y servicios que ofrece, la diferenciación tecnológica que posee y de manera muy importante, aquellos aspectos mentales y culturales que la conforman.







Diferenciación por productos o servicios

Factores a tomar en cuenta dentro de este análisis son sin duda la Propuesta Única de Ventas (PUV) que la empresa hace a cada uno de sus distintos tipos de potenciales consumidores, la manera en que decide establecer relaciones con ellos y los canales a través de los cuáles se hace presente.


El producto o servicio que la empresa ofrece debe significar en sí mismo un distintivo, factores por los cuales los clientes deberían orientar su decisión de compra hacia nuestro producto o servicio y no al de la competencia. Si bien, muchos productos caen en la categoría de “comodities” en los que es difícil encontrar una propuesta de valor diferente, la creatividad y la redefinición de valor que la empresa sea capaz de realizar pueden generar ofertas de valor de alta rentabilidad y poca competencia. Casos como el de Cirque du Soleil, explicado a detalle en el libro “La Estrategia del Océano Azul” son claro ejemplos de ello.



Diferenciación Tecnológica

Definitivamente la tecnología en sí misma puede convertirse en un factor de diferenciación. Ser capaz de generar una oferta de valor que por motivos de costo y capacidad sea de difícil alcance por parte de la competencia siempre brindará una ventaja competitiva a quien la posea. Sin embargo, si bien puede generar una ventaja competitiva, la adquisición de maquinaria y equipo debe venir acompañada de un análisis concienzudo de los beneficios a obtener y los requerimientos que en términos de flujo de efectivo habrán de tenerse a causa de la adquisición de tecnologías.


Una mala planeación del flujo ha llevado a muchas empresas a comprometer su estabilidad financiera y a poner en riesgo su operación.



Diferenciación Mental y Cultural

Pocas veces enlistada entre los factores de diferenciación, pero determinante en el mundo personal y empresarial. El poder que los factores culturales tienen al interior de las organizaciones es la mayor fuerza de cambio. Tanto el sentido positivo como negativo. Y es que está en los mensajes que transmitimos en cada uno de nuestros actos, nuestras respuestas y nuestra manera de afrontar cada situación compleja la verdadera esencia de lo que estamos transmitiendo a nuestro entorno.


El mensaje puede ser de duda o incertidumbre, transmitiendo ese nerviosismo hacia la estructura interna, o bien, el mensaje puede ser contundente y franco, transmitiendo fuerza, convicción y confianza en la manera de hacer las cosas. Es importante valorar los mensajes que transmitimos más allá de las palabras que decimos. La diferenciación mental y cultural es el mayor activo que pueden tener personas y empresas. Encontrarán en ella siempre el camino más efectivo para llegar a las metas que se han trazado.



Procesos Efectivos

La competitividad es el resultado de las formas de conducirse de la organización, mismas que pueden conformar en sí mismas un conjunto articulado orientado hacia un objetivo común; o bien, que pueden ser la suma de grandes esfuerzos poco enfocados y mal orientados que conducirán a un ambiente de frustración constante y de roce permanente entre las áreas que la conforman.


Estar de un lado u otro de la moneda es la primera decisión a tomar. Basados en la experiencia, podemos decir sin dudarlo que el cambio, antes que cualquier otra definición, es una decisión.


Se decide mantenerse tal como el día anterior, o se decide cambiar el enfoque, arriesgarse, cambiar las formas, cuestionar el estatus actual y replantear la manera en que se desarrolla el día a día. Desarrollar procesos efectivos es un tema de análisis amplio, en el que se conjuntan metodologías, herramientas y sistemas de trabajo. Sin embargo los procesos efectivos en realidad están más allá de ello. Están en la manera en que la cultura de mejora y se vuelve parte del día de las personas.



La responsabilidad de las organizaciones y sus líderes radica en transmitir a todas las personas la energía y los mensajes correctos. Comprometer a quienes participan con ellos de los retos del día a día. No es tarea sencilla, pero la definición de metas, mediciones, análisis, controles y demás acciones enfocadas a la mejora constante y al incremento de la efectividad de la organización, no habrán de ser permanentes a no ser que las soluciones hayan venido de las personas que las conforman, de su iniciativa, su talento y su creatividad.

La clave de la competitividad no radica en soluciones tecnológicas de alto impacto, ni en la implementación de metodologías probadas o pasajeras.


La competitividad está antes que otra cosa en la mente de las personas y en la cultura que fomentamos en nuestras organizaciones. Ser competitivo no debe ser una meta para una organización, por el contrario, debe convertirse en un valor básico para todos quienes forman parte de ella. Debe ser una de las actitudes a contratar y el paradigma para la creación de estrategias y la definición de tareas. La responsabilidad de cada uno está en decidir con que actitudes enfrentar el día a día, qué mensajes transmitir a quienes se encuentran en su entorno y en convertirse en un factor decisivo de todo lo que ocurre a su alrededor.



La competitividad es un compromiso, de inicio con nosotros mismos.